Diferencias entre el autismo y el Síndrome de Asperger

Tanto el autismo como el Síndrome de Asperger pertenecen a los llamados Trastornos del Espectro Autista o TEA, te contamos en qué se diferencian.

Durante muchos años el Síndrome de Asperger y el Autismo típico no tenían ningún diagnóstico diferente. Recientemente se han ido desarrollando los estudios sobre el tema que han hecho entender que aunque el Síndrome de Asperger pudiera definirse como un tipo de autismo, existen muchas diferencias entre ambos, y aunque durante mucho tiempo fue llamado "autismo de alto rendimiento" y aún mucha gente lo considera así por los rasgos comunes, no tiene nada que ver.

Lo que suele ocurrir en niños diagnosticados con algunas de estos trastornos de desarrollo, es que en un primer momento se le diagnostica de autismo. No es hasta pasados unos años en los que se puede ir estudiando el desarrollo real de la persona, cuando se obtiene un examen mucho más concreto hacia el síndrome que puede padecer dentro del trastorno del espectro autista, entre ellos el Síndrome de Asperger. Todos estos grupos o síndromes compartes rasgos comunes dentro del autismo, pero entre ellos depende el grado de severidad en el que se encuentran.

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Emilio Calatayud: «No somos colegas de nuestros hijos. Somos sus padres y punto»

El juez analizará en British Council School cómo ha cambiado el modelo familiar en España en los últimos años
El próximo 13 de enero el British Council School organizará por tercer año consecutivo una jornada dedicada al bienestar infantil y a la protección de la infancia. Contará, en esta ocasión, con la participación del juez Emilio Calatayud, que analizará cómo ha cambiado el modelo familiar en España en los últimos años y las consecuencias que esto supone en los nuevos roles educativos.

Para Calatayud «en muy pocos años hemos pasado del padre autoritario a la corriente psicológica según la cual hay que dialogar, hay que argumentar y hay que razonar con nuestros hijos. Hemos dejado atrás a los padres autoritarios y nos hemos convertido en sus colegas. De un extremo, al opuesto. Y no somos colegas de nuestros hijos. Somos sus padres y punto», señala.

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