«El gran enemigo de los jóvenes no es la tecnología, sino el tiempo que le dedican»

Santiago Moll, profesor de secundaria, defiende el uso de las nuevas tecnologías, pero con control
Santiago Moll es un profesor absolutamente vocacional. Cuando habla de sus estudiantes se nota que les conoce, que les quiere y que se preocupa por su futuro. Un futuro que va a transcurrir inmerso en las nuevas tecnologías. Moll habla de las diferencias generacionales entre los nacidos en los 60-70-80 del siglo XX a los que denomina «inmigrantes digitales» y a los nacidos posteriormente a esa fecha, que ya son «nativos digitales». Esta brecha hace que veamos la vida de maneras muy diferentes y así lo explica en su libro «Empantallados» (Larousse, 2017)

-¿Cree que los inmigrantes digitales no van a poder alcanzar nunca a los nativos en cuanto a conocimientos tecnológicos?

-Estos términos, creados en los años ochenta, han fomentado mucha polémica. Poner etiquetas a dos o tres generaciones es francamente difícil. En realidad, cuando a una persona realmente le interesa la tecnología, no importa la edad que tenga. Aun así, creo que existe una brecha digital entre adolescentes y padres, básicamente por el interés, el uso, la dedicación o la necesidad. Aquellos que nos interesó la tecnología desde pequeños no estamos tan distanciados de los más jóvenes, pero necesitábamos un término para distinguir este salto digital entre las generaciones.

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«En el colegio los niños pierden la pasión innata por el conocimiento»

La «pedagogía sexy» con la que la escritora María Acaso pretende desestabilizar al sistema educativo tradicional ya está en las librerías
Imaginen haber aprendido a despejar una ecuación mediante una representación teatral. O el ciclo del agua con una ópera. Y que el aula pudiera ser cualquier lugar y no obligadamente una habitación colmada de pupitres, pizarras, tizas y alumnos mirando al frente hacia un docente todopoderoso. Imaginen que el colegio resultase un lugar atractivo. ¿Sería posible? La propuesta de María Acaso (Madrid, 1970) en su último libro «Art Thinking» pretende soliviantar a los lectores en contra del modelo educativo tal y como se conoce, a su juicio «impregnado de pensamiento lógico y convergente» y enmarcado en un «sistema vertical» que entorpece el análisis crítico, para conquistar las aulas a base de «pedagogía sexy». La autora sugiere introducir el pensamiento artístico. ¡Pero si ya hay una asignatura de arte!, se dirán muchos. Ella va más allá. ¿Y si las artes estuvieran presentes en todas las asignaturas?

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