El desarrollo de valores en la primera infancia resulta fundamental para combatir la violencia

Con motivo del Día Escolar de la No Violencia y la Paz, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) asegura que la convivencia pacífica es cada día más difícil
Coincidiendo con el Día Escolar de la No Violencia y la Paz (DENIP), La Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) alerta de que las actividades escolares y los discursos bienintencionados son insuficientes ante la realidad de una sociedad cada día más violenta y agresiva y donde la convivencia resulta cada vez más complicada.

En un artículo escrito por su presidente, la entidad reclama que los sistemas educativos contemplen la Educación para la Paz desde la primera infancia como una prioridad. Piden a la escuela y a otros agentes de socialización como familia y medios de comunicación, así como a los poderes públicos, que planifiquen propuestas para provocar un cambio radical en el modelo social.

Según la AMEI, la solución pasa por el desarrollo de una personalidad rica en valores desde la primera infancia, y el sistema educativo se está equivocando en el cómo y en el cuándo. «Bajo nuestro punto de vista, constituye un error conceptual plantearse el trabajo directo en la formación de valores», señala Juan Sánchez Muliterno, presidente de la asociación. «Lo que debe hacerse es trabajar en las habilidades, hábitos, conceptos, nociones y vivencias que van a dar como resultado la formación del valor».
Para la entidad, los valores no se enseñan como tales, sino que surgen como consecuencia de la realización de actividades que sean de interés para los niños y en las cuales se realicen acciones que actúen sobre la composición de los futuros valores.

La mejor etapa para formar una personalidad rica en valores es la primera infancia, entre los 0 y los 6 años, cuando se instauran las bases fundamentales del desarrollo de la personalidad para que en edades más avanzadas se consoliden y perfeccionen.

La AMEI defiende que, si los sistemas educativos no toman este compromiso, tienen que ser los maestros los que hagan posible el cambio y encabecen un traspaso de valores que permanezca a lo largo del tiempo y que condicione cualquier actuación en el futuro de los niños de hoy.

«La docencia es la tarea que más puede transformar la sociedad porque de ella depende el futuro del mundo entero. Aprender a vivir juntos y en paz no se logra, ni ha logrado, por resolución, por promulgar una ley o pintando muchas blancas palomas o pronunciando bellas palabras. Es urgente que la sociedad educadora se convierta en realidad», apostilla Sánchez Muliterno.

S. F. @abc_familia

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